Haiku, el arte de decir mucho con pocas palabras

 Un haiku es un poema muy breve que nació en Japón y que se caracteriza por estar formado por tres versos, con una métrica de 5 sílabas en el primero, 7 en el segundo y 5 en el tercero. En total, el haiku tiene 17 sílabas. Suelen expresar una imagen sencilla y profunda de la naturaleza o de un instante de la vida. La idea es capturar un momento con pocas palabras, dejando que el lector imagine el resto.

Ejemplos en español (con la métrica detallada):

Viejo estanque (5)
salta una rana al agua (7)
ruido de agua (5)

Noche sin luna (5)
el viento mueve ramas (7)
cruje la sombra (5)

Luz de la tarde (5)
el río se adormece (7)
sobre las piedras (5)


Actividades:

Elige un de los siguientes haikus y prosifícalos (explicalos con tus palabras en prosa)

Todos distintos (5)
y todos necesarios (7)
brilla la vida (5)

Cuidar el cuerpo (5)
es cuidar lo que somos (7)
florece el alma (5)

Abrazo limpio (5)
decir sí o decir no (7)
vale lo mismo (5)

Nadie es igual (5)
la diversidad suma (7)
somos colores (5)

Palabra clara (5)
es mejor que el silencio (7)
cuando algo duele (5)


Haikus de ESI (trabajados en otro curso)


Puerta cerrada (5)
el grito rompe el aire (7)
callar no ayuda (5)

Ojos cansados (5)
esconden cicatrices (7)
la voz resiste (5)

Golpes y miedo (5)
no son parte del amor (7)
rompe la jaula (5)

Luz en la calle (5)
la sororidad cuida (7)
brotan hermanas (5)

Ni una menos (5)
es un grito que abraza (7)
vida que lucha (5)


2) Consigna:

Teniendo en cuenta lo aprendido sobre la forma y las características del haiku (tres versos, con 5–7–5 sílabas, brevedad y una imagen clara), escribí tu propio haiku. Podés inspirarte en la naturaleza, en una emoción personal, en un recuerdo o en temas relacionados con la Educación Sexual Integral (respeto, diversidad, cuidado del cuerpo, afectividad, relaciones saludables, violencia de género, etc.).

El destino de Casandra

El viento seguía trayendo ecos de guerra sobre Micenas cuando Casandra, hija de Príamo, descendió de la flota que regresaba del Oriente. Sus pasos sobre la madera húmeda de los barcos resonaban como un tambor que marcaba la memoria de Troya: la caída de templos, la muerte de reyes, y el pesar que la había acompañado durante todo el viaje. Su don, la capacidad de prever lo inevitable, era un peso que nadie quería reconocer; sus ojos reflejaban futuros que el mundo se negaba a escuchar, y en su voz murmuraban advertencias que flotaban en el aire sin ser comprendidas.

El palacio de Micenas se alzaba ante ella, majestuoso y frío, como un escenario que ocultaba su propia sombra de muerte. Los corredores de mármol, los tapices púrpuras colgando de las paredes y las lámparas de aceite que temblaban con el viento parecían orquestar una ceremonia silenciosa. Cada reflejo en el piso bruñido y cada sombra proyectada por los ventanales eran testigos mudos de la tragedia que estaba por consumarse. La presencia de Clitemnestra, con su sonrisa fría y perfecta como mármol, era la señal de que el destino ya había sido sellado.

Durante el banquete, Casandra permaneció observando, silenciosa y consciente. Sabía que la atención del mundo no estaba sobre ella, y que los dioses no interferirían. Sus ojos recorrían cada gesto de los siervos y de la reina, mientras su corazón palpitaba con la certeza de que su muerte estaba escrita en los muros mismos del palacio. Cuando Agamenón se retiró a los baños, ella lo siguió, no por amor ni esperanza, sino por la fuerza de la verdad que llevaba consigo, y porque su destino estaba inexorablemente ligado al de él.

Los baños de mármol recibieron a Agamenón primero, envuelto en vapor y luces que bailaban sobre la piedra. Clitemnestra entró como sacerdotisa de la venganza, y la red de telas que atrapó al rey parecía un presagio tangible de la muerte. Casandra, de pie entre sombras y luces, contempló la escena con la mirada fija en la inevitable sangre que pronto mancharía los mosaicos y los bordes de mármol. Su voz se alzó una última vez: “El horror se cumple, y nadie escuchará mis palabras.”

El hacha descendió sobre Agamenón, y su grito se mezcló con el eco húmedo de las paredes. Casandra no huyó; su destino se consumó en el mismo espacio. Con los ojos fijos en el horror y la traición, cayó tras él, y su cuerpo quedó tendido junto al del rey, inmóvil, como un testigo trágico del crimen y la venganza. El mármol, los mosaicos y el vapor de los baños parecían absorber el peso de la fatalidad, y cada reflejo de luz sobre la sangre contaba la historia de la maldición de la casa de Atreo.

El silencio que siguió llenó todo el palacio. Casandra y Agamenón yacían juntos, víctimas de la traición y de un destino ineludible. La profetisa, aunque ignorada en vida, había visto cumplirse su palabra, y la justicia de la sangre había encontrado su equilibrio, aunque el dolor y la memoria permanecieran imborrables. Micenas respiraba bajo el peso de la tragedia, mientras los dioses, en su silencio, contemplaban el cumplimiento inexorable de la voluntad del destino.


Preguntas de lectocomprensión

  1. ¿Qué elementos del palacio y los baños contribuyen a la atmósfera de tensión y tragedia en la narrativa?

  2. ¿Cómo se describe el destino de Casandra y qué papel juega su don de profetisa en la historia?

  3. ¿Qué importancia tiene la presencia de Clitemnestra en la escena de la muerte de Casandra?

  4. ¿Cómo se representa la relación espacial y temporal entre la muerte de Agamenón y la de Casandra?

  5. ¿Qué papel juegan los elementos del entorno (luz, vapor, mosaicos, mármol) en la construcción del drama y la fatalidad de la escena?


Respuestas

  1. Los elementos del palacio y de los baños contribuyen de manera decisiva a la atmósfera de tensión y tragedia. Los tapices púrpuras, los corredores de mármol y las lámparas de aceite que “temblaban con el viento” crean un escenario que refleja tanto la majestad como la amenaza que pesa sobre los personajes. El mármol y los mosaicos absorben el peso de la fatalidad, mientras que el vapor de los baños envuelve a los protagonistas, mezclando luz y sombra. Todo esto construye un espacio donde la tragedia se siente inevitable, como si las piedras mismas conocieran el destino que estaba por cumplirse.

  2. El destino de Casandra se muestra como inexorable y ligado a la profecía que portaba. Su don de prever el futuro, ignorado por todos, la convierte en una testigo silenciosa de la violencia que se avecina: “Su voz murmuraba advertencias que flotaban en el aire sin ser comprendidas.” Esta capacidad la hace consciente de lo que ocurrirá y le otorga un peso dramático superior: su muerte no es aleatoria, sino el cumplimiento de un destino que había visto desde Troya y que ahora se materializa en Micenas.

  3. La presencia de Clitemnestra es central para intensificar la amenaza y la tensión de la escena. Su entrada se describe como la de “sacerdotisa de la venganza”, y su acción sobre Agamenón desencadena la caída de Casandra. Clitemnestra representa la fuerza implacable de la traición y la violencia que se cierne sobre los protagonistas, y su cercanía física con Casandra subraya que la muerte de la profetisa está inevitablemente ligada al crimen previo cometido contra Agamenón.

  4. La relación espacial y temporal entre las muertes de Agamenón y Casandra está cuidadosamente construida. Casandra muere en el mismo lugar que Agamenón, inmediatamente después de él: “Cayó tras él, y su cuerpo quedó tendido junto al del rey, inmóvil, como un testigo trágico del crimen y la venganza.” Esto refuerza la idea de que ambos destinos están entrelazados y que la tragedia no puede separarse de la acción de Clitemnestra ni del cumplimiento del destino que Casandra había visto desde Troya.

  5. Los elementos del entorno intensifican el drama y la sensación de fatalidad. La luz que entra por los ventanales, el vapor que envuelve los cuerpos y los reflejos en los mosaicos y mármol contribuyen a un efecto casi cinematográfico: “El mármol, los mosaicos y el vapor de los baños parecían absorber el peso de la fatalidad, y cada reflejo de luz sobre la sangre contaba la historia de la maldición de la casa de Atreo.” Así, la atmósfera no solo es decorativa, sino que refleja la tensión moral, la tragedia y la inexorabilidad del destino que define la historia.

La caída de Clitemnestra


El cielo de Micenas amanecía encendido, como un telón de fuego sobre los muros de piedra y los patios vacíos. La bruma de la noche se deslizaba entre columnas y corredores, acariciando los tapices púrpuras que aún olían a sangre y a vino derramado. El palacio parecía contener la respiración; cada sombra era un susurro de antiguas traiciones, cada mosaico reflejaba fragmentos de rencor acumulado.

Orestes avanzaba con pasos medidos, dejando que el eco de su llegada se extendiera por las salas como un preludio de tormenta. Su espada pendía de su brazo, ligera y firme, y en sus ojos ardía la memoria de su padre asesinado y de Casandra que había caído sin poder advertir. La venganza, tejida en la urdimbre de los años, palpitaba en su pecho como un tambor funerario.

Clitemnestra, reclinada sobre un trono de madera oscura y mármol, parecía sostener en sus manos la misma arrogancia que había sostenido la muerte de Agamenón. Sus ojos recorrían los muros, los techos, los ventanales, como si buscara señales de advertencia, pero el silencio la había dejado sola. Los tapices, las columnas, las lámparas de aceite que temblaban con el viento, todo era testigo mudo de su impunidad aparente.

—Madre —dijo Orestes, y su voz descendió como sombra sobre la sala—. La sangre no olvida, y la casa exige reparación.

Clitemnestra giró, y por un instante su orgullo titubeó. No había súplicas que invocaran misericordia, ni gestos de amor que detuvieran la certeza de la justicia. Sus manos se aferraron a los brazos del trono, intentando sostener algo más que su vida: el poder que creía eterno.

El filo de la espada cayó primero sobre su hombro, cortando el aire y la carne con un susurro mortal. Luego siguieron golpes precisos, uno tras otro, como si cada movimiento buscara equilibrar la balanza del destino. La sangre brotó, roja y oscura, tiñendo los tapices y el mármol, mezclándose con la luz que entraba por los ventanales y que parecía arder sobre los pliegues del vestido de la reina.

Orestes permaneció junto a ella, inmóvil, mientras su mirada absorbía el final que la historia había prometido desde Aulis. No hubo gritos, ni súplicas, solo el silencio de la casa que, por primera vez desde aquel sacrificio, parecía respirar sin miedo. Clitemnestra cayó, y con ella se extinguió la sombra que había mancillado la sangre de Atreo.

El sol ascendía sobre Micenas, iluminando las piedras, los patios y los corredores. La ciudad, testigo de traiciones y venganzas, parecía suspirar bajo el cielo encendido, mientras Orestes, heredero de memoria y justicia, se retiraba dejando atrás la evidencia de que la sangre exigía equilibrio, aunque el dolor jamás se borrara.


Preguntas de lectocomprensión

  1. ¿Qué elementos del palacio contribuyen a crear un clima de tensión y venganza en la narrativa?

  2. ¿Qué simboliza la espada de Orestes y cómo se relaciona con la justicia en la historia?

  3. ¿Cómo se describe la actitud de Clitemnestra antes de ser atacada y qué indica sobre su percepción de poder?

  4. ¿De qué manera el entorno (sol, bruma, ventanales) influye en la atmósfera y la carga dramática del relato?

  5. ¿Cómo se representa la justicia y la venganza en la caída de Clitemnestra, y qué efecto tiene en la percepción del lector sobre el equilibrio moral en la historia?


Respuestas desarrolladas

  1. Los elementos del palacio contribuyen significativamente a la tensión y la sensación de venganza. Por ejemplo, los corredores vacíos, los tapices púrpuras y las columnas “acariciando los tapices púrpuras que aún olían a sangre y a vino derramado” refuerzan la memoria de traiciones pasadas y el peso de los crímenes cometidos. Cada sombra y cada mosaico refleja el rencor acumulado, creando un espacio donde la historia del asesinato de Agamenón y Casandra parece estar viva. Estos detalles no solo construyen la atmósfera, sino que también intensifican la sensación de que la justicia está a punto de cumplirse de manera inevitable.

  2. La espada de Orestes simboliza la justicia implacable y la venganza que restablece el equilibrio roto por los crímenes de Clitemnestra. El texto señala que “La venganza, tejida en la urdimbre de los años, palpitaba en su pecho como un tambor funerario”, mostrando que la espada no es un simple arma, sino la materialización de la memoria, la retribución y la ley moral que exige reparación. Cada golpe de la espada “cortando el aire y la carne con un susurro mortal” representa un acto deliberado de justicia poética, donde la violencia cumple un propósito ético dentro del relato.

  3. La actitud de Clitemnestra antes del ataque refleja arrogancia y falsa seguridad. Reclina sobre su trono confiada en su impunidad: “Sus ojos recorrían los muros, los techos, los ventanales, como si buscara señales de advertencia, pero el silencio la había dejado sola.” Esto indica que su percepción de poder está basada en la manipulación, el miedo y la memoria de su victoria sobre Agamenón, pero ignora que la justicia del destino (personificada en Orestes) ya ha decidido su caída. Su intento de sostener su autoridad a través del trono y el orgullo se vuelve inútil frente a la inevitabilidad de su castigo.

  4. El entorno potencia la atmósfera y la carga dramática del relato. La bruma de la noche que “acariciaba los tapices púrpuras” y la luz del sol que ilumina posteriormente los corredores actúan como elementos simbólicos: la oscuridad refleja la amenaza, la memoria de traiciones y la tensión de la venganza, mientras que la luz del alba ilumina la consumación de la justicia. Los ventanales permiten que la luz y la sangre interactúen, creando imágenes visuales poéticas que subrayan la solemnidad de la escena y el peso de la retribución moral.

  5. La justicia y la venganza se representan como inevitables y moralmente necesarias. La caída de Clitemnestra no es fruto del azar, sino del cumplimiento de un destino que equilibra los crímenes cometidos: “La sangre no olvida, y la casa exige reparación.” Esto muestra que la narrativa está profundamente arraigada en la idea de justicia poética, donde los actos atroces generan consecuencias que no pueden evitarse. Para el lector, esto refuerza la sensación de que la venganza es una forma de restaurar el equilibrio moral, aunque deje tras de sí un silencio pesado y un recordatorio del dolor que los crímenes generan.