✍️ Consigna de escritura 1
A partir del texto “El secuestro de Mimí”, reescribí la escena ampliándola en un relato más extenso.
El objetivo es transformar el microtexto en una narración con mayor desarrollo, incorporando detalles que construyan una atmósfera más precisa y una escena más completa.
Para hacerlo, tené en cuenta:
- Describí el espacio (la casa, la noche, el clima, los objetos).
- Desarrollá las acciones de manera progresiva (cómo entran, qué hacen, cómo se mueven).
- Construí la presencia de los agresores a través de sus gestos, silencios y modos de actuar.
- Mostrá la violencia sin necesidad de exagerarla: puede estar en los detalles, en la tensión, en lo que no se dice.
- Mantené un tono sobrio y contenido, evitando explicaciones o juicios explícitos.
- Podés incorporar información que no está en el texto original, pero debe ser verosímil y coherente con la situación.
Extensión sugerida: entre 400 y 700 palabras.
Rescritura 1
El 8 de julio de 1976, en una casa del conurbano bonaerense, la noche había caído hacía varias horas. El frío se sentía en las paredes. No era una casa precaria: había orden, cierta estabilidad doméstica, una mesa limpia, una cocina en uso, habitaciones donde dormían niños. Adentro estaban la abuela, una de sus hijas, una mujer que cuidaba a los chicos, y dos criaturas muy pequeñas en sus cunas. No había hombres en la casa.
La irrupción no fue un golpe único sino una secuencia: primero un ruido en la puerta, después voces, después la entrada. No hubo tiempo para reaccionar. Ya estaban adentro. Eran varios, armados, sin identificarse. Traían a dos personas: Juan y Fernanda. Tenían las cabezas cubiertas. No caminaban por su cuenta; eran empujados, sostenidos a la fuerza. La tela no alcanzaba a ocultar del todo el estado en que se encontraban.
Los milicos ocuparon la casa sin alzar la voz. No necesitaban hacerlo. Apuntaron a todos: a la abuela, a la tía, a la mujer que cuidaba a los chicos, a las dos criaturas en sus cunas. La amenaza fue pareja, sin excepción. Uno de ellos preguntó por la madre. No estaba. Trabajaba en una escuela. La respuesta salió rápida, sin cálculo. No había margen para otra cosa.
Se miraron entre sí, como si confirmaran algo ya sabido. No hubo discusión. Permanecieron unos minutos más, los suficientes. Juan y Fernanda no hablaron, o no se los escuchó. La tela, el cansancio o el miedo los volvía opacos. Estaban ahí, pero ya desplazados de la escena.
Después se retiraron. Se llevaron consigo lo que habían traído. Salieron con la misma precisión con que habían entrado. Iban a buscarla.
La casa quedó abierta unos segundos. Nadie se movió. El aire frío entró desde afuera, recorrió el pasillo, tocó las cunas. Recién entonces alguien avanzó para cerrar. No hubo llanto inmediato. Primero se impuso una suspensión, como si lo ocurrido no terminara de fijarse.
Con el tiempo, esta escena sería contada, ordenada, repetida. Los detalles variarían, las voces cambiarían, pero el núcleo persistiría: las armas, las cabezas cubiertas, la búsqueda. Una de esas niñas se llama Mimí. No recuerda en el sentido estricto. Sin embargo, esta escena le pertenece.
Desde ese día, Juan, Fernanda y Mimí permanecen desaparecidas.
✍️ Consigna de escritura 2
A partir del texto original, reescribí la escena construyendo una narración en la que el hecho no se explique completamente, sino que se perciba de manera parcial.
El objetivo es trabajar la idea de que no todo puede ser recordado ni comprendido, y que el relato se arma a partir de fragmentos, sensaciones y reconstrucciones.
Para hacerlo, tené en cuenta:
- Escribí con una mirada limitada: no todo debe quedar claro ni completo.
- Priorizá lo que se percibe (sonidos, movimientos, clima, gestos) por sobre la explicación de los hechos.
- Evitá narrar de forma lineal o totalmente ordenada: podés avanzar por aproximaciones.
- Usá una prosa continua, evitando el exceso de cortes o fragmentación evidente.
- Trabajá la tensión entre lo que se ve y lo que no se puede entender.
- Podés sugerir más de lo que mostrás: lo importante es lo que queda insinuado.
Extensión sugerida: 300 a 600 palabras.
Segunda reescritura
El frío estaba antes que todo. No afuera: adentro, en las paredes, en el piso, en la madera de las cunas. La casa estaba en orden, como si alguien hubiera dejado preparado el día siguiente: la mesa limpia, algo en la cocina, las puertas cerradas. Las niñas no sabían nada de eso. Dormían, o no del todo. Hay un punto en que el cuerpo percibe antes que la cabeza, una incomodidad leve, algo que cambia en el aire sin nombre.
Después el ruido. No uno solo: algo que empieza y no se detiene, un golpe, voces, un movimiento que avanza hasta borrar la puerta como límite. Ya están adentro. No hay tiempo para reaccionar. Las mujeres no alcanzan a organizarse, todo queda a mitad de gesto. Ellos ocupan el espacio sin esfuerzo y traen a dos. No se los ve bien. La tela les cubre la cara, pero no alcanza. Hay algo en cómo los sostienen, en cómo se doblan, en esa manera de no terminar de pisar. Están, pero desplazados, como si ya no pertenecieran del todo a la escena.
Las armas apuntan. No se mueven y tampoco hace falta. La situación queda fija, contenida en una tensión que no sube ni baja. Una voz pregunta por la madre. No está. Trabaja en una escuela. La respuesta sale sin cálculo. Queda unos segundos suspendida, como si tuviera un peso propio. No la discuten. Se miran apenas, lo suficiente para confirmar algo que ya estaba decidido.
Permanecen lo justo. El tiempo necesario para que todo quede marcado. Juan y Fernanda no hablan, o no se los escucha. La tela, el cansancio o el miedo los vuelve opacos. Las niñas siguen ahí. No pueden entender, no pueden mirar como los otros, pero algo se inscribe igual, por debajo, sin forma todavía.
Después se van. Con los dos. La casa no se recompone enseguida. Queda abierta, atravesada. El frío entra más, avanza por el pasillo, llega hasta las cunas. Nadie se mueve al principio. Después alguien cierra, alguien respira distinto, pero el orden no vuelve. No del todo. Lo que pasó no termina de acomodarse. Queda suspendido.
Con el tiempo esto será dicho. No como recuerdo exacto, porque no puede serlo, sino como una construcción hecha de fragmentos, de voces, de lo que otros vieron y de lo que alguien pudo decir. Siempre habrá algo que no encaja. Una de esas niñas se llama Mimí. El nombre aparece ahí, como si hubiera estado desde el principio.
Desde ese día, Juan, Fernanda y Mimí permanecen desaparecidas.
✍️ Consigna de escritura (tercera reescritura)
A partir de la versión anterior, reescribí el texto utilizando la segunda persona (vos) como forma de narración.
El objetivo es producir un efecto de mayor implicación, donde la escena no solo se observe o se perciba, sino que también se atraviese.
Para hacerlo, tené en cuenta:
- Sostené la prosa continua y ajustada trabajada en la versión anterior.
- Utilizá la segunda persona sin que suene forzada: el “vos” debe integrarse naturalmente a la escena.
- Evitá un tono explicativo o discursivo: el texto debe seguir siendo contenido y sobrio.
- Mantené la mirada limitada: el “vos” no comprende todo lo que ocurre.
- Trabajá la sensación de que lo narrado le está ocurriendo a quien lee, pero sin explicitarlo.
- Conservá la tensión entre lo que se percibe y lo que no se puede entender completamente.
Extensión sugerida: 300 a 600 palabras.
Reescritura 3
El frío está antes que todo. No afuera: lo sentís en las paredes, en el piso, en la madera de las cunas. La casa está en orden, como si alguien hubiera dejado preparado el día siguiente: la mesa limpia, algo en la cocina, las puertas cerradas. No sabés nada de eso, pero tu cuerpo sí. No dormís del todo. Hay un punto en que algo cambia en el aire y no sabés decir qué es.
Después el ruido. No uno solo. Empieza y no se detiene: un golpe, voces, un movimiento que avanza hasta borrar la puerta como límite. Ya están adentro. No hay tiempo para entender. Todo pasa antes de que puedas armar una idea. Las mujeres no alcanzan a moverse del todo, los gestos quedan a mitad de camino. Ellos ocupan el espacio sin esfuerzo y traen a dos. No los ves bien. La tela les cubre la cara, pero no alcanza. Hay algo en cómo los sostienen, en cómo se doblan, en esa forma de no terminar de pisar. Están ahí, pero no del todo.
Las armas apuntan. No se mueven y no hace falta. Todo queda contenido en una tensión que no sube ni baja. Escuchás una voz que pregunta por la madre. No está. Trabaja en una escuela. La respuesta sale rápida, sin cálculo. Queda flotando unos segundos, como si tuviera peso propio. Nadie discute. Se miran entre ellos apenas, lo suficiente para confirmar algo que ya estaba decidido.
Se quedan lo justo. El tiempo necesario para que todo quede marcado. Los dos que trajeron no hablan, o no los escuchás. La tela, el cansancio o el miedo los vuelve opacos. Vos tampoco entendés. No podés entender. Pero algo igual se fija, por abajo, sin forma todavía.
Después se van. Con los dos. La casa no vuelve enseguida a lo que era. Queda abierta, atravesada. El frío entra más, avanza por el pasillo, llega hasta donde estás. Nadie se mueve al principio. Después alguien cierra, alguien respira distinto, pero nada se acomoda del todo. Lo que pasó no termina de cerrarse. Queda ahí.
Con el tiempo esto se va a contar. No como un recuerdo exacto, porque no puede serlo, sino como algo armado con lo que otros dijeron, con lo que se pudo reconstruir. Siempre va a faltar algo. Vos no recordás en el sentido estricto. Sin embargo, esto te pertenece.
Desde ese día, Juan, Fernanda y Mimí permanecen desaparecidas.