Un mundo feliz - La felicidad programada

El capítulo 3 de Un mundo feliz muestra cómo el Estado Mundial controla a las personas desde la infancia. Durante el recreo, los niños utilizan juegos que requieren aparatos. El Director explica que los juegos sencillos fueron abandonados porque producían poco consumo. En esta sociedad, hasta la diversión debe favorecer el funcionamiento de la economía.

Luego aparece Mustafá Mond, uno de los diez gobernantes. Él les habla a los estudiantes sobre una época en la que existían madres, padres, hogares y relaciones amorosas duraderas. Sus oyentes reciben esas palabras con rechazo porque fueron educados para considerar vergonzosa a la familia. Mond afirma que los vínculos exclusivos provocaban emociones intensas, celos, dolor e inestabilidad. Por eso el nuevo sistema enseña que “todo el mundo pertenece a todo el mundo” y desalienta cualquier relación profunda.

El capítulo también muestra que los deseos deben satisfacerse. Esperar, sufrir una frustración o amar solamente a una persona podría despertar sentimientos difíciles de controlar. La estabilidad se consigue evitando la soledad, el compromiso y la reflexión.

Además, las voces de la enseñanza repiten mensajes favorables al consumo: la ropa vieja debe tirarse y ser reemplazada. El Estado no obliga mediante castigos. Forma los gustos de los ciudadanos para que compren, se diviertan y se relacionen como el sistema necesita.

Así, el capítulo revela una sociedad que promete felicidad, pero decide de antemano qué deben desear sus habitantes. La estabilidad se obtiene al precio de la familia, la memoria histórica, la libertad afectiva y el pensamiento individual.

Preguntas y respuestas

1. ¿Por qué el Estado Mundial prefiere los juegos que necesitan muchos aparatos?

Porque esos juegos obligan a fabricar, comprar y utilizar más objetos. De esta manera, incluso la diversión de los niños favorece el consumo y mantiene activa la economía.

2. ¿Por qué la familia y el amor exclusivo son considerados peligrosos?

Porque crean vínculos profundos y sentimientos intensos, como el amor, los celos, la tristeza o el deseo de proteger a otra persona. Esas emociones pueden producir conflictos y dificultar el control social.

3. ¿Cómo consigue el Estado controlar a las personas sin recurrir constantemente a la violencia?

Las educa desde pequeñas mediante la repetición de frases, costumbres y enseñanzas. Así, las personas terminan aceptando como propios los deseos y las ideas que el sistema les impone.

Historias de Ulthar

 

Lo que vio el gato

Cuando las casas de Ulthar apagaron sus ventanas, un gato gris salió a caminar.
Cruzó los tejados sin hacer ruido y se detuvo frente al viejo pozo de la plaza.
Allí vio algo que ninguna persona habría podido ver: una escalera bajo el agua.
Sus peldaños bajaban hacia una ciudad que ya no figuraba en los mapas.
El gato la recordaba. Había dormido sobre sus muros cuando todavía brillaba el sol.
Ahora, en sus calles vacías, ardían pequeñas luces detrás de las puertas.
Bajó por la escalera y siguió el olor de la lluvia sobre las piedras antiguas.
Al fondo de un callejón encontró una casa con una sola ventana encendida.
Adentro, otros gatos lo esperaban alrededor de un plato de leche.
Se quedó con ellos hasta que la primera claridad tocó el borde del pozo.
Después volvió a Ulthar y se acurrucó junto al fuego de su casa.
Su dueño le preguntó dónde había pasado la noche.
El gato cerró los ojos: había prometido no contarle a nadie que la ciudad seguía habitada.

La voz detrás de la puerta

Salí de mi casa cuando la luna apareció sobre los tejados de Ulthar.
Iba detrás de una polilla, pero escuché que alguien pronunciaba mi nombre.
La voz salía de una casa vacía, al final de la calle.
Me acerqué a la puerta y reconocí el olor de un hombre que había vivido allí muchos años atrás.
Lo recordaba sentado al sol, dejándome migas de pan junto a sus zapatos.
Ahora no podía verlo, aunque su voz seguía llamándome desde adentro.
Empujé la puerta con la cabeza y entré.
En la mesa estaba su sombrero; debajo, una gatita temblaba de frío.
La tomé suavemente por el cuello y la llevé hasta mi casa.
Mi dueña abrió al oírnos y preparó un lugar para las dos junto al fuego.
A la mañana siguiente, pasó frente a aquella casa vacía.
Se detuvo al ver la puerta abierta y se preguntó quién habría entrado.
Yo conocía la respuesta, pero estaba ocupada lavándole la cara a la gatita.

La última ventana de Ulthar

Esta noche elegís una calle que nunca recorriste.
Al final encontrás una casa con todas las ventanas oscuras, salvo una.
Desde la vereda ves una sombra pequeña que se mueve detrás del vidrio.
Saltás al alféizar y descubrís que la habitación está vacía.
La sombra vuelve a cruzar la pared. Tiene tu forma, pero camina sola.
La seguís hasta una puerta que recordás de cuando eras cachorro.
Entonces la casa era nueva y una niña te esperaba allí cada tarde.
Empujás la puerta, pero del otro lado solo hay un jardín cubierto de nieve.
Tu sombra se detiene junto a un árbol y empieza a escarbar.
Entre las raíces aparece una campanita que reconocés enseguida: era la que llevabas al cuello.
La tomás con los dientes y el jardín desaparece.
Al amanecer volvés a casa sin hacer sonar la campanita.
Tu dueño cree que la encontraste en la calle; vos recordás quién te la había regalado.


La ley que nació en Ulthar

En «Los gatos de Ulthar», H. P. Lovecraft cuenta cómo nació una ley extraordinaria: en ese pueblo, nadie puede matar a un gato. Para explicar su origen, el narrador retrocede a una época en la que una pareja de ancianos atrapaba y mataba a los gatos de sus vecinos. Los habitantes conocían esa crueldad, pero temían enfrentarse a ellos. Así, la costumbre de callar permitía que los animales siguieran desapareciendo.

Un día llegó a Ulthar una caravana de viajeros. Entre ellos estaba Menes, un niño huérfano que tenía por compañía a un pequeño gato negro. Cuando el animal desapareció, algunos vecinos le hablaron de los ancianos y de los ruidos que salían de su casa. Menes dejó de llorar y elevó una oración en una lengua que los pobladores no comprendieron.

Esa noche, la caravana partió y todos los gatos del pueblo desaparecieron. Atal, el hijo del posadero, dijo haberlos visto rodear la casa de los ancianos. A la mañana siguiente, los animales regresaron, satisfechos y sin apetito. Pasaron varios días antes de que los vecinos entraran en la vivienda: allí encontraron dos esqueletos.

El cuento nunca muestra directamente lo ocurrido dentro de la casa. Esa ausencia obliga al lector a relacionar indicios y a imaginar una explicación. La oración de Menes, el movimiento de los gatos y el silencio de la pareja construyen el misterio. Después de discutir los hechos, los habitantes de Ulthar aprobaron la ley que protege a los gatos y recuerda el peligro de permanecer callados.

Preguntas y respuestas

  1. ¿Por qué los vecinos no detenían a la pareja de ancianos?
    Porque les tenían miedo, aunque sabían que mataban a los gatos.

  2. ¿Qué hizo Menes cuando desapareció su gato?
    Escuchó lo que le contaron los vecinos y elevó una oración en una lengua que ellos no comprendieron.

  3. ¿Cómo construye el cuento el misterio sobre lo ocurrido en la casa?
    No muestra los hechos directamente: presenta indicios, como la desaparición de los gatos, su regreso sin apetito y el hallazgo de los esqueletos.



Contexto:

H. P. Lovecraft escribió el cuento en 1920. Apareció por primera vez en noviembre de ese año en The Tryout, una revista literaria de circulación amateur. Más tarde se publicó en Weird Tales, en febrero de 1926. hplovecraft.com

Pertenece a una etapa temprana de Lovecraft, en la que exploraba los lugares imaginarios, las leyendas y una prosa de tono antiguo, bajo la influencia del escritor fantástico Lord Dunsany. Ulthar se presenta como un pueblo del que se cuenta una historia transmitida de generación en generación: el origen de su ley sobre los gatos. en.wikipedia.org

Para trabajarlo en clase, conviene distinguir el contexto de producción de una interpretación del cuento: Lovecraft lo escribió y publicó en 1920; la crueldad de los ancianos, la oración de Menes y la reacción de los gatos pertenecen al mundo ficticio. El relato deja sin mostrar lo sucedido dentro de la casa, y esa elipsis sostiene el misterio.