La otra guerra, (adaptación del texto de Leila Guerriero)

En 1982, la Argentina estaba gobernada por una dictadura militar encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri. El 30 de marzo, miles de personas marcharon en Plaza de Mayo bajo el lema “Paz, Pan y Trabajo”, en una protesta contra el régimen que terminó con represión y detenidos.

Dos días después, el 2 de abril, en ese mismo lugar, una multitud celebraba el desembarco argentino en las Islas Malvinas. Comenzaba así una guerra breve, de setenta y cuatro días, que terminaría con la rendición argentina el 14 de junio.

Seiscientos cuarenta y nueve soldados argentinos murieron en el conflicto. Durante años, muchos de ellos permanecieron sin identificar, enterrados en el cementerio de Darwin bajo la inscripción: “Soldado argentino solo conocido por Dios”.

Tras la guerra, el oficial británico Geoffrey Cardozo fue encargado de recoger los cuerpos y darles sepultura. Realizó un registro detallado que permitió, décadas más tarde, avanzar en la identificación de los caídos.

Sin embargo, durante mucho tiempo el Estado argentino no informó adecuadamente a las familias. Muchas de ellas buscaron durante años a sus seres queridos sin saber dónde estaban. La lucha por recuperar la identidad de esos soldados se convirtió en “la otra guerra”: una batalla por la memoria, la verdad y el derecho a saber.



Consignas de trabajo

  1. Comprensión:
    Explicá con tus palabras por qué el texto habla de “la otra guerra”. ¿A qué tipo de lucha se refiere?
  2. Análisis:
    Compará las dos situaciones que se describen en Plaza de Mayo (30 de marzo y 2 de abril de 1982). ¿Qué cambió en tan poco tiempo? ¿Qué te llama la atención?
  3. Interpretación:
    ¿Qué significado tiene la frase “Soldado argentino solo conocido por Dios”? Explicá qué representa para las familias.
  4. Personaje:
    ¿Quién fue Geoffrey Cardozo y por qué su trabajo fue importante? Respondé en 3 o 4 líneas.
  5. Reflexión breve:
    Elegí una de estas opciones y escribí un párrafo:
    a) ¿Por qué es importante identificar a los muertos en una guerra?
    b) ¿Qué responsabilidad tiene el Estado después de un conflicto?
    c) ¿Qué te generó este texto?
  6. Lengua (opcional):
    Buscá en el texto una palabra o expresión que te haya resultado fuerte o significativa y explicá por qué

Guerra de Malvinas

La Guerra de Malvinas fue un conflicto armado ocurrido en 1982 entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas, ubicadas en el Atlántico Sur. En ese momento, Argentina estaba gobernada por una dictadura militar que atravesaba una profunda crisis política, económica y social. En ese contexto, el gobierno decidió recuperar las islas por la fuerza, lo que generó un fuerte apoyo inicial de parte de la población.

El 2 de abril de 1982, tropas argentinas desembarcaron en las islas y tomaron el control del territorio. Sin embargo, el Reino Unido respondió enviando una poderosa flota militar con el objetivo de recuperarlas. La guerra se desarrolló en condiciones muy difíciles, especialmente para los soldados argentinos, muchos de los cuales eran jóvenes conscriptos con escasa preparación y equipamiento adecuado.

Durante el conflicto se produjeron enfrentamientos en tierra, mar y aire, con importantes pérdidas humanas en ambos bandos. Las condiciones climáticas adversas, el aislamiento y la falta de recursos agravaron la situación de los combatientes argentinos en las islas.

Finalmente, el conflicto terminó el 14 de junio de 1982 con la rendición argentina. La derrota tuvo importantes consecuencias en el país, ya que debilitó al gobierno militar y aceleró el proceso de recuperación democrática en la Argentina.

Actualmente, la cuestión de la soberanía sobre las Islas Malvinas continúa siendo un reclamo permanente de la Argentina por vías diplomáticas.


Consigna de escritura reflexiva

Escribí un texto en el que respondas: ¿cómo puede afectar una decisión del gobierno a la vida de las personas? 


Enrique Walker (“Jarito”): periodismo, militancia y el sentido de una desaparición


La figura de Enrique “Jarito” Walker se inscribe en uno de los cruces más intensos de la historia argentina reciente: el encuentro entre periodismo, compromiso político y violencia estatal. Su trayectoria, que combina experiencia internacional, producción intelectual y militancia, permite observar no solo una biografía singular, sino también el clima de una época en la que escribir, pensar y actuar eran dimensiones profundamente entrelazadas. Su secuestro y desaparición en julio de 1976, en pleno inicio de la última dictadura, no puede leerse como un hecho aislado, sino como parte de un dispositivo sistemático orientado a desarticular redes políticas, culturales y simbólicas.

Walker no era un periodista convencional. Su paso por escenarios internacionales —incluido Vietnam— le dio una perspectiva marcada por los conflictos globales de su tiempo. Esa experiencia no solo amplió su mirada, sino que también reforzó una posición crítica frente a las formas tradicionales de poder. De regreso en Argentina, su trabajo en el semanario Nuevo Hombre expresó con claridad esa orientación: un periodismo que no buscaba neutralidad, sino intervención. La escritura, en ese marco, no era solo un medio de información, sino una herramienta de disputa.

La década del 70 en Argentina estuvo atravesada por una creciente radicalización política. En ese contexto, Walker se vinculó a la organización Montoneros, una de las expresiones más relevantes de la militancia armada peronista. Este vínculo no puede entenderse únicamente como una decisión individual, sino como parte de una lógica generacional más amplia, donde amplios sectores de la juventud veían en la acción política —incluso en su forma más extrema— una vía para transformar la realidad. La figura de Walker, entonces, condensa esa articulación entre palabra y acción, entre reflexión y compromiso.

El 17 de julio de 1976, Walker fue secuestrado en un cine del barrio de Caballito. El lugar del operativo no es un detalle menor: un espacio público, cotidiano, donde la vida transcurre en apariencia ajena a la violencia política. La irrupción allí de un grupo armado, que lo identifica y lo retira de la sala, revela la extensión y la naturalización del dispositivo represivo. No se trata solo de capturar a un individuo, sino de demostrar que ningún espacio está fuera de alcance. La desaparición posterior de Walker —sin registros oficiales, sin juicio, sin cuerpo— forma parte del mecanismo central del terrorismo de Estado: la producción de una ausencia que no se puede cerrar.

El caso de Walker permite pensar la desaparición no solo como eliminación física, sino como intento de borrado simbólico. Su condición de periodista lo vuelve particularmente significativo en este sentido. Desaparecer a quien produce discurso, a quien narra, a quien interviene en el campo de las ideas, implica también intentar desarticular una forma de construcción de sentido. La violencia no se dirige únicamente al cuerpo, sino también a la palabra.

Al mismo tiempo, su historia plantea interrogantes sobre las formas de memoria. A diferencia de otras figuras más institucionalizadas, Walker permanece en una zona menos visible del relato público, aunque no por ello menos significativa. Su vida y su muerte obligan a pensar en las múltiples capas del período: la dimensión internacional de los conflictos, la radicalización política interna, el rol de los intelectuales y periodistas, y la respuesta represiva del Estado.

En este sentido, más que cerrar una interpretación, la figura de Enrique “Jarito” Walker abre un campo de reflexión. Su asesinato no es solo un hecho del pasado, sino un punto de entrada para pensar la relación entre política, violencia y memoria en la Argentina. En su trayectoria se cruzan preguntas que aún persisten: sobre el compromiso, sobre los límites de la acción, sobre el costo de intervenir en la historia. Y es quizás en esa persistencia donde su figura sigue teniendo un lugar, no como respuesta, sino como interrogante.