Metzengerstein, Edgar Allan Poe


Pestis eram vivus-moriens tua mors ero.
(MARTÍN LUTERO)


El horror y la fatalidad han estado al acecho en todas las edades. ¿Para qué, entonces, atribuir una fecha a la historia que he de contar? Baste decir que en la época de que hablo existía en el interior de Hungría una firme aunque oculta creencia en las doctrinas de la metempsicosis. Nada diré de las doctrinas mismas, de su falsedad o su probabilidad. Afirmo, sin embargo, que mucha de nuestra incredulidad (como lo dice La Bruyère de nuestra infelicidad) vient de ne pouvoir être seuls.[6]
Pero, en algunos puntos, la superstición húngara se aproximaba mucho a lo absurdo. Diferían en esto por completo de sus autoridades orientales. He aquí un ejemplo: El alma —afirmaban (según lo hace notar un agudo e inteligente parisiense)— ne demeure qu’une seule fois dans un corps sensible: au reste, un cheval, un chien, un homme même, n’est que la ressemblance peu tangible de ces animaux.
Las familias de Berlifitzing y Metzengerstein hallábanse enemistadas desde hacía siglos. Jamás hubo dos casas tan ilustres separadas por una hostilidad tan letal. El origen de aquel odio parecía residir en las palabras de una antigua profecía: «Un augusto nombre sufrirá una terrible caída cuando, como el jinete en su caballo, la mortalidad de Metzengerstein triunfe sobre la inmortalidad de Berlifitzing.»
Las palabras en sí significaban poco o nada. Pero causas aún más triviales han tenido —y no hace mucho— consecuencias memorables. Además, los dominios de las casas rivales eran contiguos y ejercían desde hacía mucho una influencia rival en los negocios del Gobierno. Los vecinos inmediatos son pocas veces amigos, y los habitantes del castillo de Berlifitzing podían contemplar desde sus encumbrados contrafuertes, las ventanas del palacio de Metzengerstein. La más que feudal magnificencia de este último se prestaba muy poco a mitigar los irritables sentimientos de los Berlifitzing, menos antiguos y menos acaudalados. ¿Cómo maravillarse entonces de que las tontas palabras de una profecía lograran hacer estallar y mantener vivo el antagonismo entre dos familias ya predispuestas a querellarse por todas las razones de un orgullo hereditario? La profecía parecía entrañar —si entrañaba alguna cosa— el triunfo final de la casa más poderosa, y los más débiles y menos influyentes la recordaban con amargo resentimiento.
Wilhelm, conde de Berlifitzing, aunque de augusta ascendencia, era, en el tiempo de nuestra narración, un anciano inválido y chocho que sólo se hacía notar por una excesiva cuanto inveterada antipatía personal hacia la familia de su rival, y por un amor apasionado hacia la equitación y la caza, a cuyos peligros ni sus achaques corporales ni su incapacidad mental le impedían dedicarse diariamente.
Frederick, barón de Metzengerstein, no había llegado, en cambio, a la mayoría de edad. Su padre, el ministro G…, había muerto joven, y su madre, lady Mary, lo siguió muy pronto. En aquellos días, Frederick tenía dieciocho años. No es ésta mucha edad en las ciudades; pero en una soledad, y en una soledad tan magnífica como la de aquel antiguo principado, el péndulo vibra con un sentido más profundo.
Debido a las peculiares circunstancias que rodeaban la administración de su padre, el joven barón heredó sus vastas posesiones inmediatamente después de muerto aquél. Pocas veces se había visto a un noble húngaro dueño de semejantes bienes. Sus castillos eran incontables. El más esplendoroso, el más amplio era el palacio Metzengerstein. La línea limítrofe de sus dominios no había sido trazada nunca claramente, pero su parque principal comprendía un circuito de cincuenta millas.
En un hombre tan joven, cuyo carácter era ya de sobra conocido, semejante herencia permitía prever fácilmente su conducta venidera. En efecto, durante los tres primeros días, el comportamiento del heredero sobrepasó todo lo imaginable y excedió las esperanzas de sus más entusiastas admiradores. Vergonzosas orgías, flagrantes traiciones, atrocidades inauditas, hicieron comprender rápidamente a sus temblorosos vasallos que ninguna sumisión servil de su parte y ningún resto de conciencia por parte del amo proporcionarían en adelante garantía alguna contra las garras despiadadas de aquel pequeño Calígula. Durante la noche del cuarto día estalló un incendio en las caballerizas del castillo de Berlifitzing, y la opinión unánime agregó la acusación de incendiario a la ya horrorosa lista de los delitos y enormidades del barón.
Empero, durante el tumulto ocasionado por lo sucedido, el joven aristócrata hallábase aparentemente sumergido en la meditación en un vasto y desolado aposento del palacio solariego de Metzengerstein. Las ricas aunque desvaídas colgaduras que cubrían lúgubremente las paredes representaban imágenes sombrías y majestuosas de mil ilustres antepasados. Aquí, sacerdotes de manto de armiño y dignatarios pontificios, familiarmente sentados junto al autócrata y al soberano, oponían su veto a los deseos de un rey temporal, o contenían con elfiat de la supremacía papal el cetro rebelde del archienemigo. Allí, las atezadas y gigantescas figuras de los príncipes de Metzengerstein, montados en robustos corceles de guerra, que pisoteaban al enemigo caído, hacían sobresaltar al más sereno contemplador con su expresión vigorosa; y otra vez aquí, las figuras voluptuosas, como de cisnes, de las damas de antaño, flotaban en el laberinto de una danza irreal, al compás de una imaginaria melodía.
Pero mientras el barón escuchaba o fingía escuchar el creciente tumulto en las caballerizas de Berlifitzing —y quizá meditaba algún nuevo acto, aún más audaz—, sus ojos se volvían distraídamente hacia la imagen de un enorme caballo, pintado con un color que no era natural, y que aparecía en las tapicerías como perteneciente a un sarraceno, antecesor de la familia de su rival. En el fondo de la escena, el caballo permanecía inmóvil y estatuario, mientras aún más lejos su derribado jinete perecía bajo el puñal de un Metzengerstein.
En los labios de Frederick se dibujó una diabólica sonrisa, al darse cuenta de lo que sus ojos habían estado contemplando inconscientemente. No pudo, sin embargo, apartarlos de allí. Antes bien, una ansiedad inexplicable pareció caer como un velo fúnebre sobre sus sentidos. Le resultaba difícil conciliar sus soñolientas e incoherentes sensaciones con la certidumbre de estar despierto. Cuanto más miraba, más absorbente se hacía aquel encantamiento y más imposible parecía que alguna vez pudiera alejar sus ojos de la fascinación de aquella tapicería. Pero como afuera el tumulto era cada vez más violento, logró, por fin, concentrar penosamente su atención en los rojizos resplandores que las incendiadas caballerizas proyectaban sobre las ventanas del aposento.
Con todo, su nueva actitud no duró mucho y sus ojos volvieron a posarse mecánicamente en el muro. Para su indescriptible horror y asombro, la cabeza del gigantesco corcel parecía haber cambiado, entretanto, de posición. El cuello del animal, antes arqueado como si la compasión lo hiciera inclinarse sobre el postrado cuerpo de su amo, tendíase ahora en dirección al barón. Los ojos, antes invisibles, mostraban una expresión enérgica y humana, brillando con un extraño resplandor rojizo como de fuego; y los abiertos belfos de aquel caballo, aparentemente enfurecido, dejaban a la vista sus sepulcrales y repugnantes dientes.
Estupefacto de terror, el joven aristócrata se encaminó, tambaleante, hacia la puerta. En el momento de abrirla, un destello de luz roja, inundando el aposento, proyectó claramente su sombra contra la temblorosa tapicería, y Frederick se estremeció al percibir que aquella sombra (mientras él permanecía titubeando en el umbral) asumía la exacta posición y llenaba completamente el contorno del triunfante matador del sarraceno Berlifitzing.
Para calmar la depresión de su espíritu, el barón corrió al aire libre. En la puerta principal del palacio encontró a tres escuderos. Con gran dificultad, y a riesgo de sus vidas, los hombres trataban de calmar los convulsivos saltos de un gigantesco caballo de color de fuego.
—¿De quién es este caballo? ¿Dónde lo encontrasteis? —demandó el joven, con voz tan sombría como colérica, al darse cuenta de que el misterioso corcel de la tapicería era la réplica exacta del furioso animal que estaba contemplando.
—Es vuestro, sire —repuso uno de los escuderos—, o, por lo menos, no sabemos que nadie lo reclame. Lo atrapamos cuando huía, echando humo y espumante de rabia, de las caballerizas incendiadas del conde de Berlifitzing. Suponiendo que era uno de los caballos extranjeros del conde, fuimos a devolverlo a sus hombres. Pero éstos negaron haber visto nunca al animal, lo cual es raro, pues bien se ve que escapó por muy poco de perecer en las llamas.
—Las letras W. V. B. están claramente marcadas en su frente —interrumpió otro escudero—. Como es natural, pensamos que eran las iniciales de Wilhelm Von Berlifitzing, pero en el castillo insisten en negar que el caballo les pertenezca.
—¡Extraño, muy extraño! —dijo el joven barón con aire pensativo, y sin cuidarse, al parecer, del sentido de sus palabras—. En efecto, es un caballo notable, un caballo prodigioso… aunque, como observáis justamente, tan peligroso como intratable… Pues bien, dejádmelo —agregó, luego de una pausa—. Quizá un jinete como Frederick de Metzengerstein sepa domar hasta el diablo de las caballerizas de Berlifitzing.
—Os engañáis, señor; este caballo, como creo haberos dicho, no proviene de las caballadas del conde. Si tal hubiera sido el caso, conocemos demasiado bien nuestro deber para traerlo a presencia de alguien de vuestra familia.
—¡Cierto! —observó secamente el barón.
En ese mismo instante, uno de los pajes de su antecámara vino corriendo desde el palacio, con el rostro empurpurado. Habló al oído de su amo para informarle de la repentina desaparición de una pequeña parte de las tapicerías en cierto aposento, y agregó numerosos detalles tan precisos como completos. Como hablaba en voz muy baja, la excitada curiosidad de los escuderos quedó insatisfecha.
Mientras duró el relato del paje, el joven Frederick pareció agitado por encontradas emociones. Pronto, sin embargo, recobró la compostura, y mientras se difundía en su rostro una expresión de resuelta malignidad, dio perentorias órdenes para que el aposento en cuestión fuera inmediatamente cerrado y se le entregara al punto la llave.
—¿Habéis oído la noticia de la lamentable muerte del viejo cazador Berlifitzing? — dijo uno de sus vasallos al barón, quien después de la partida del paje seguía mirando los botes y las arremetidas del enorme caballo que acababa de adoptar como suyo, y que redoblaba su furia mientras lo llevaban por la larga avenida que unía el palacio con las caballerizas de los Metzengerstein.
—¡No! —exclamó el barón, volviéndose bruscamente hacia el que había hablado—. ¿Muerto, dices?
—Por cierto que sí, sire, y pienso que para el noble que ostenta vuestro nombre no será una noticia desagradable.
Una rápida sonrisa pasó por el rostro del barón.
—¿Cómo murió?
—Entre las llamas, esforzándose por salvar una parte de sus caballos de caza favoritos.
—¡Re…al…mente! —exclamó el barón, pronunciando cada sílaba como si una apasionante idea se apoderara en ese momento de él.
—¡Realmente! —repitió el vasallo.
—¡Terrible! —dijo serenamente el joven, y se volvió en silencio al palacio.
Desde aquel día, una notable alteración se manifestó en la conducta exterior del disoluto barón Frederick de Metzengerstein. Su comportamiento decepcionó todas las expectativas, y se mostró en completo desacuerdo con las esperanzas de muchas damas, madres de hijas casaderas; al mismo tiempo, sus hábitos y manera de ser siguieron diferenciándose más que nunca de los de la aristocracia circundante. Jamás se le veía fuera de los límites de sus dominios, y en aquellas vastas extensiones parecía andar sin un solo amigo —a menos que aquel extraño, impetuoso corcel de ígneo color, que montaba continuamente, tuviera algún misterioso derecho a ser considerado como su amigo.
Durante largo tiempo, empero, llegaron a palacio las invitaciones de los nobles vinculados con su casa. «¿Honrará el barón nuestras fiestas con su presencia?» «¿Vendrá el barón a cazar con nosotros el jabalí?» Las altaneras y lacónicas respuestas eran siempre: «Metzengerstein no irá a la caza», o «Metzengerstein no concurrirá».
Aquellos repetidos insultos no podían ser tolerados por una aristocracia igualmente altiva. Las invitaciones se hicieron menos cordiales y frecuentes, hasta que cesaron por completo. Incluso se oyó a la viuda del infortunado conde Berlifitzing expresar la esperanza de que «el barón tuviera que quedarse en su casa cuando no deseara estar en ella, ya que desdeñaba la sociedad de sus pares, y que cabalgara cuando no quisiera cabalgar, puesto que prefería la compañía de un caballo». Aquellas palabras eran sólo el estallido de un rencor hereditario, y servían apenas para probar el poco sentido que tienen nuestras frases cuando queremos que sean especialmente enérgicas.
Los más caritativos, sin embargo, atribuían aquel cambio en la conducta del joven noble a la natural tristeza de un hijo por la prematura pérdida de sus padres; ni que decir que echaban al olvido su odiosa y desatada conducta en el breve período inmediato a aquellas muertes. No faltaban quienes presumían en el barón un concepto excesivamente altanero de la dignidad. Otros —entre los cuales cabe mencionar al médico de la familia— no vacilaban en hablar de una melancolía morbosa y mala salud hereditaria; mientras la multitud hacía correr oscuros rumores de naturaleza aún más equívoca.
Por cierto que el obstinado afecto del joven hacia aquel caballo de reciente adquisición —afecto que parecía acendrarse a cada nueva prueba que daba el animal de sus feroces y demoniacas tendencias— terminó por parecer tan odioso como anormal a ojos de todos los hombres de buen sentido. Bajo el resplandor del mediodía, en la oscuridad nocturna, enfermo o sano, con buen tiempo o en plena tempestad, el joven Metzengerstein parecía clavado en la montura del colosal caballo, cuya intratable fiereza se acordaba tan bien con su propia manera de ser.
Agregábanse además ciertas circunstancias que, unidas a los últimos sucesos, conferían un carácter extraterreno y portentoso a la manía del jinete y a las posibilidades del caballo. Habíase medido cuidadosamente la longitud de alguno de sus saltos, que excedían de manera asombrosa las más descabelladas conjeturas. El barón no había dado ningún nombre a su caballo, a pesar de que todos los otros de su propiedad los tenían. Su caballeriza, además, fue instalada lejos de las otras, y sólo su amo osaba penetrar allí y acercarse al animal para darle de comer y ocuparse de su cuidado. Era asimismo de observar que, aunque los tres escuderos que se habían apoderado del caballo cuando escapaba del incendio en la casa de los Berlifitzing, lo habían contenido por medio de una cadena y un lazo, ninguno podía afirmar con certeza que en el curso de la peligrosa lucha, o en algún momento más tarde, hubiera apoyado la mano en el cuerpo de la bestia. Si bien los casos de inteligencia extraordinaria en la conducta de un caballo lleno de bríos no tienen por qué provocar una atención fuera de lo común, ciertas circunstancias se imponían por la fuerza aun a los más escépticos y flemáticos; se afirmó incluso que en ciertas ocasiones la boquiabierta multitud que contemplaba a aquel animal había retrocedido horrorizada ante el profundo e impresionante significado de la terrible apariencia del corcel; ciertas ocasiones en que aun el joven Metzengerstein palidecía y se echaba atrás, evitando la viva, la interrogante mirada de aquellos ojos que parecían humanos.
Empero, en el séquito del barón nadie ponía en duda el ardoroso y extraordinario efecto que las fogosas características de su caballo provocaban en el joven aristócrata; nadie, a menos que mencionemos a un insignificante pajecillo contrahecho, que interponía su fealdad en todas partes y cuyas opiniones carecían por completo de importancia. Este paje (si vale la pena mencionarlo) tenía el descaro de afirmar que su amo jamás se instalaba en la montura sin un estremecimiento tan imperceptible como inexplicable, y que al volver de sus largas y habituales cabalgatas, cada rasgo de su rostro aparecía deformado por una expresión de triunfante malignidad.
Una noche tempestuosa, al despertar de un pesado sueño, Metzengerstein bajó como un maniaco de su aposento y, montando a caballo con extraordinaria prisa, se lanzó a las profundidades de la floresta. Una conducta tan habitual en él no llamó especialmente la atención, pero sus domésticos esperaron con intensa ansiedad su retorno cuando, después de algunas horas de ausencia, las murallas del magnífico y suntuoso palacio de los Metzengerstein comenzaron a agrietarse y a temblar hasta sus cimientos, envueltas en la furia ingobernable de un incendio.
Aquellas lívidas y densas llamaradas fueron descubiertas demasiado tarde; tan terrible era su avance que, comprendiendo la imposibilidad de salvar la menor parte del edificio, la muchedumbre se concentró cerca del mismo, envuelta en silencioso y patético asombro. Pero pronto un nuevo y espantoso suceso reclamó el interés de la multitud, probando cuánto más intensa es la excitación que provoca la contemplación del sufrimiento humano, que los más espantosos espectáculos que pueda proporcionar la materia inanimada.
Por la larga avenida de antiguos robles que llegaba desde la floresta a la entrada principal del palacio se vio venir un caballo dando enormes saltos, semejante al verdadero Demonio de la Tempestad, y sobre el cual había un jinete sin sombrero y con las ropas revueltas.
Veíase claramente que aquella carrera no dependía de la voluntad del caballero. La agonía que se reflejaba en su rostro, la convulsiva lucha de todo su cuerpo, daban pruebas de sus esfuerzos sobrehumanos; pero ningún sonido, salvo un solo alarido, escapó de sus lacerados labios, que se había mordido una y otra vez en la intensidad de su terror. Transcurrió un instante, y el resonar de los cascos se oyó clara y agudamente sobre el rugir de las llamas y el aullar de los vientos; pasó otro instante y, con un solo salto que le hizo franquear el portón y el foso, el corcel penetró en la escalinata del palacio llevando siempre a su jinete y desapareciendo en el torbellino de aquel caótico fuego.
La furia de la tempestad cesó de inmediato, siendo sucedida por una profunda y sorda calma. Blancas llamas envolvían aún el palacio como una mortaja, mientras en la serena atmósfera brillaba un resplandor sobrenatural que llegaba hasta muy lejos; entonces una nube de humo se posó pesadamente sobre las murallas, mostrando distintamente la colosal figura de… un caballo.

____________________
Metzengerstein.
Saturday Courier, 14 de enero de 1832 (1)
Este cuento —el primero publicado— apareció por segunda vez con el subtítulo «Cuento a imitación de los alemanes». Su aire marcadamente «gótico» —en el sentido que toma la palabra cuando se aplica a las novelas de Maturin, Mrs. Radcliffe, Walpole y, naturalmente, a la narrativa de los románticos alemanes, como Hoffmann y Von Arnim— contiene ya valores puramente poeianos. La presencia del tapiz, por ejemplo, abre la serie de las decoraciones misteriosas y en extraña analogía con el drama que se cumple entre ellas.

34 comentarios:

Abril Buccilli dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Abril Buccilli dijo...

Abril Buccilli -3° "A"- Colegio Durham.
METZENGERSTEIN:

Yo creo que esta historia se resume en la profecía: «Un augusto nombre sufrirá una terrible caída cuando, como el jinete en su caballo, la mortalidad de Metzengerstein triunfe sobre la inmortalidad de Berlifitzing.» La enemistad entre las 2 familias habría dado paso a que la predicción se cumpla. Aunque hay, creo yo, 2 formas de ver este cuento:
_Racional: que los Berlifitzing crearon esta previsión para que los rivales, en algún punto, enloquezcan al obsesionarse con esta, que, sin que se den cuenta, se filtren los recursos para hacer que se cumpla el vaticinio destinado a la familia más antigua de esta rivalidad (Ejemplo: era tanta la locura del joven de Metzengerstein que, para probar que estaba sobre cualquier "obstáculo" que le presenten o como reflejo de su temor hacia el auspicio, incendió las caballerizas del adversario).
_Irracional: la profecía fue una obra mística o algo similar que predestinó a este personaje a su fin trágico a través de un pronóstico que termina por efectuarse.
Estos 2 puntos de vista se repiten constantemente en los cuentos de Poe y es algo que siempre incluyo en mis comentarios.

Algo que nos pareció relevante era que, como él no quería desposarse con una mujer porque a él quizás le gusten los hombres. Y esto es un factor es muy importante porque en el augurio hablaba sobre la "mortalidad de los Metzengerstein" refiriéndose, tal vez, al fin de su linaje frente a la "inmortalidad de los Berlifitzing".
El caballo, al final del relato, parece que estuviera entrenado para dejar caer a Frederick justo después de conducirlo a las llamas, pero esto no se detalla precisamente sino que, al final, dice que a lo lejos, entre el humo de apariencia paranormal, se observaba la silueta de un caballo, sin jinete, lo cual significa que lo dejó caer.

Diego Lazaro dijo...

Este cuento de Edgar Allan Poe me parecio un tanto atrayente, ya que, en este existe una profecía, la cual, se interpone entre 2 familias, los Metzengerstein y los Berlifitzing.Estas 2 familias tienen una enemistad, es decir, estan peleadas, los Metzengerstein esta representada por Frederick, Baron Metzengerstein y la segunda es representada por Wilhelm, el conde Berlifitzing.
Frederick mantiene su odio en un tapiz, que representa la caida del castillo Metzengerstein, en la cual estan, un ancestro Berlifitzing ,montado sobre un caballo gigantesco y en donde un Metzengerstein es asesinado por una daga.
Un dia hubo un incendio en el castillo Berlifitzing, en donde un caballo sale escapando en llamas.
El caballo que ha escapado del castillo era idéntico al del tapiz que odiaba Frederick.
Esto puede tener 2 tipos de explicaciones:
1ra:La primera es que alguien haya cambiado el tapiz por otro en donde no esté el caballo.
2nda:Y la segunda es que el caballo se haya escapado del tapiz.
Yo creo,segun mi punto de vista y conociendo como son los relatos de Poe, la explicacion con mas lógica (por así decirlo, ya que, casi ningún cuento de Poe tiene lógica,según yo) es la segunda.
Finalmente cuando Frederick montaba al caballo para conducirlo hacia las llamas, este mismo lo deja caer a Frederick, lo que provoca una sensación de que este caballo estaba entrenado.
Al final hubo una "escena" la cual me gustó,ya que, fue una buena forma de terminar con el cuento, esta forma es que a través del humo se vea una silueta de un caballo sin jinete.
Diego Lazaro 3roA Colegio Durham

nico gyukits dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
nico gyukits dijo...

La historia se centra en dos enemistades entre de familias .en el joven Frederick, el último descendiente de la familia Metzengerstein, que carga con una prolongada rivalidad con la familia Berlifitzing.
Sospechoso de haber causado un incendio que mató al patriarca de los Berlifitzing, Frederick se obsesiona con un caballo salvaje que no había notado anteriormente que era mu parecido al caballo que habia en el tapiz.
Metzengerstein es castigado por su crueldad cuando su propio hogar se incendia.
Finalmente Frederick monta al caballo para conducirlo hacia la llamas el deja caer a su jinete.
Y al final del cuento cuenta como a traves del humo se ve una forma como de un caballo se tratase sin nadie que lo montase
L verdad me parecio un final muy ingenioso.
NICOLAS GYUKITS 3 A.

Teo Lopez-3er año A-Colegio Durham dijo...

A mi criterio, es muy impresionante que esté relato sea el primero realizado por Poe. Opino esto debido a la manera en la que está narrado, con descripciones indirectas y su forma de hacernos entre lo real y la fantasía. Esto demuestra que, desde sus inicios, Edgar era un maestro de los relatos fantásticos.
La historia se centra en la pelea entre los Metzengerstein (representados por el joven Barón Frederick), y los Berlifitzing (representados por el viejo Conde Wilhelm). A su vez, todo gira en torno a una profecía, la cual dice: “Un augusto nombre sufrirá una terrible caída cuando, como el jinete en su caballo, la mortalidad de Metzengerstein triunfe sobre la inmortalidad de Berlifitzing”.
Está, finalmente, se cumple. Ocurre debido a que, la enemista de ambas casas, lleva a que Frederick queme la casa de Wilhelm. No sin antes admirar el tapiz de un caballo apenado por la muerte de su Amo. El misterio comienza cuando un caballo idéntico encontrado por tres hombres Metzengerstein.
Posteriormente, el joven Barón se adueña del caballo. Hasta el día en el que él se adentra en el valle, del cual sale, tras una larga espera de sus hombres, agotada e incapaz de nada. De esta manera el caballo se adentra en el sorpresivo incendio el cual se había producido anteriormente. Al final, solo es observable una figura de un caballo, sin jinete.
La duda entre la realidad y la fantasía se presenta, principalmente, en la aparición del caballo, ya que podemos tener un pensamiento racional. Por ejempló, que alguien lo haya liberado intencionalmente, y que luego cambió el tapiz o uno irreal/fantástico. En el cual el caballo saldría del tapiz con la intención de vengar a su Amo.

Anónimo dijo...

En este cuento el narrador no participa en la historia. La historia se trata de dos familia enfrentadas, los Metzengerstein y los Berlifitzing por una antigua profecía, la profecía dice: “Un augusto nombre sufrirá una terrible caída cuando, como el jinete en su caballo, la mortalidad de Metzengerstein triunfe sobre la inmortalidad de Berlifitzing”. Lo curioso es que solo se odiaban por esta profecía. No dice en que época transcurre la historia, solo dice que se ubica en Hungría.
Como pasa generalmente en los cuentos de Poe, tiene varias interpretaciones. Se puede ver como que el caballo domino al conde de Berlifitzing y más tarde domino a Frederick o que Wilhelm Von Berlifitzing al morir intentando salvar a sus caballos se tranformo en uno, ya que indica que tiene las iniciales en su frente, también que tiene ojos humanos y que al llevarlo al castillo no lo reconocieron, lo que es extraño siendo un caballo del conde.
Matias Gaute 3ro Colegio Durham

Sofia Di Sandro (Colegio Durham 3° "A") dijo...

Al leer este cuento, me acorde de “Romeo y Julieta” (de William Shakespeare) porque en ambos escritos hay un conflicto entre dos grande familias…
“Metzengerstein”: Berlifitzing y Metzengerstein
“Romeo y Julieta”: Montesco y Capuleto
Aunque la trama de ambos sea muy diferente, me recordó a ese escrito.
Me costó bastante la comprensión de este texto, en especial el seguimiento del caballo.
Me pareció interesante como Frederick se obsesionó con el caballo, aún sabiendo que era de su enemigo y me pareció extraño el cambio que el barón de Metzengerstein hacía luego de desmontar al caballo ce color fuego.

Santi Pulleiro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Floppy Belu dijo...

Florencia Otero – Colegio Durham 2° año “A”
Las familias Berlifitzing y Metzengertein eran enemigas desde hacía mucho tiempo. Frederick Metzengertein heredó muchas tierras con la muerte de sus padres. Su vida era vergonzosa por las atrocidades que él hacía.
Una noche estalló un incendio en las caballerizas del castillo de Berlifitzing, en ese momento Frederick estaba mirando obsesionadamente un tapiz donde había un enorme caballo y detrás de éste estaba su jinete muerto bajo el puñal de un Metzengertein. Como afuera había mucho ruido Frederick logró poner su atención en las caballerizas incendiadas, luego sus ojos volvieron a mirar el tapiz, para su asombro el caballo que estaba mirando a su amo ahora lo miraba a él con odio, el joven asustado salió y sus escuderos le dijeron que habían encontrado un corcel con las letras W.V.B. marcadas en su frente pensando que el corcel era de Wilhelm Von Berlifitzing pero en ese castillo lo negaron, entonces Frederick se quedó con el caballo siendo el único que lo montaba.
Una noche Frederick salió montando en el corcel, unas horas después las murallas del palacio comenzaron a incendiarse, y por un camino se vió que estaba viniendo un caballo con su jinete aterrado. En un momento el caballo ingresó en el palacio llevando a su jinete y desapareciendo en el caótico fuego, el cual cesó inmediatamente, luego apareció la imagen de un caballo en las murallas
Como podemos ver en este cuento el odio puede llegar a “matar”, Poe utilizó el recurso de la imaginación para representar el episodio en el que el caballo “salió” del tapiz, sigue describiendo la muerte, el terror, entre otros factores que él utiliza en sus cuentos.

Anónimo dijo...

Tamashiro Evelyn 3° "A" Durham
Metzengerstein es una historia que trata de una profesía que dice: UN AGUSTO NOMBRE SUFRIRÁ UNA TERRIBLE CAÍDA CUANDO, COMO EL JINETE EN SU CABALLO, LA MORTALIDAD DE METZENGERSTEIN TRIUNFE SOBRE LA INMORTALIDAD DE BERLIFITZING. Estas dos familias eran como enemigas.
Para mi esta profesía es como una "venganza" porque acusaron al barón de Metzengerstein por un incendio que ocurrió en las caballerizas del castillo de Berlifitzing. Mientras tanto Frederick que era el heredero de Metzengerstein se había fascinado con una pintura de un caballo salvaje. Luego de aquel incendio apareció un caballo, Frederick no podía separarse de él, estaba obsesionado con ese animal, este lo llevó a la muerte ya que el palacio de los Metzengerstein se incendió, Frederick se encontraba sobre el caballo cabalgando y este se dirigió hacia el incendio.

lucas san sebastian dijo...

Esta historia habla sobre como un hombre sufría cada día como el jinete su caballo,la mortalidad de METZENGERSTEIN TRIUNFE SOBRE LA INMORTALIDAD DE BERLIFITZING.Estas familias eran enemigas y esta historia tambien habla sobre una profecía.que a mi parecer se trata mucho de venganza que de otra cosa porque una de las familias acuso al barón por un incendio causado en el castillo de Berlifitzing

Bruno gaita 3ro a Durham dijo...

Una de las partes que me atrajo y me engancho con el texto es que este se base en la eneamistad entre dos familias de poder alto.Todo por una profecia.
Tambien Me parecio medio raro Como Frederick Se habia obsesionado con el caballo que despues lo llevo a la muerte ya que el palacio de los Metzengerstein Se habia prendido fuego y Frederick Estaba arriba del caballo cabalgando y el caballo iba hacia el incendio.Este Cuento de Edgar Allan Poe Me Parecio muy interesante

Gianfranco Riccelli - 3er Año ´´A´´ - Colegio Durham dijo...

Este relato trata sobre la enemistad de dos familias: los Metzengerstein y los Berlitfitzing. Este se resume al principio del cuento con una profecía q dice: ´´UN AUGUSTO NOMBRE SUFRIRÁ UNA TERRIBLE CAÍDA CUANDO, COMO EL JINETE EN SU CABALLO, LA MORTALIDAD DE METZENGERSTEIN TRIUNFE SOBRE LA INMORTALIDAD DE BERLIFITZING.´´. Frederick, el barón de Metzengerstein es acusado de un incendio en las caballerizas del castillo rival, en el que muere el líder de los Berlitfitzing. Luego de esto aparece un caballo idéntico al del tapiz que él había estado admirando los últimos días, él se obsesiona con este y decide salir a cabalgar con el todo los días, hasta q un incendio en el palacio hace que el fallezca luego de caer del caballo. Esto va acorde con la profecía la cual nombra la caída de los Metzengerstein cuando el jinete caiga de su caballo. Otra cosa que también va de acuerdo con la profecía es que el no quiso casarse lo cual hace que no existan más personas con la sangre de un Metzengerstein, en cambio si hay descendientes de los Berlitfitzing y como nombra la profecía: LA MORTALIDAD DE METZENGERSTEIN TRIUNFE SOBRE LA INMORTALIDAD DE BERLIFITZING.

Pola Frasson dijo...

Valentino Frasson Colegio Durham 3°A
Este cuento se basa en la enemistad de dos familias de gran poder, estas son Metzengerstein y Berlifitzing, la causa era una profecía:"UN AUGUSTO NOMBRE SUFRIRÁ UNA TERRIBLE CAÍDA CUANDO, COMO EL JINETE EN SU CABALLO, LA MORTALIDAD DE METZENGERSTEIN TRIUNFE SOBRE LA INMORTALIDAD DE BERLIFITZING". Frederick, el barón de Metzengerstein es acusado de un incendió en las caballerizas del castillo de los Berlifitzing, en el que muere el líder de los suyos. Luego de esto aparece un caballo idéntico al del tapiz que él había estado admirando los últimos días, él se obsesiona con este y decide salir a cabalgar con el todo los días, hasta que un incendió en el palacio, Finalmente Frederick monta al caballo para conducirlo hacia la llamas él deja caer a su jinete, esto hace que él fallezca. Esto va acorde con la profecía la cual nombra la caída de los Metzengerstein cuando el jinete caiga de su caballo.
Muy ingenioso el final.

Lucas Akerme dijo...

Este texto de Edgar Allan Poe se basa en la enemistad entre dos familias: los Metzengerstein y los Berlifitzing de alto poder, este conflicto es debido a una profecía. El baron de Metzengerstein fue acusado del incendio en las caballerisas del castillo rival. Mientras tanto Fredick el heredero de Metzengerstein estaba obsesionado con una pintura de un caballo, dps del incendio aparecio el caballo Frederick estaba obsesionado. Este lo llevo a la muerte ya que el castillo de los Metzengerstein se incendio y este lo llego sobre el fuego

Santi Pulleiro dijo...

Santiago Fernández Pulleiro colegio Durham 3er año A
Una de las partes más importantes y atrallentes de este texto son que
Este, se basa en la enemistad entre dos familia de gran tamaño . La causa de este confrontamiento era por una profecia.
El Barón de Metzengerstein se encantó con ese caballo el cual vio en tapiz y tambien admiradmiraba.
Un Día el Palacio se incendió ,entonces Frederick cabalga hacia las llamas y cae producto de eso muere.
Así se cumple la profecía de la familia
Metzengerstein la cual dictaba que que el jinetjinete se caería de su caballo

Anónimo dijo...

Este cuento de Edgar Allan Poe me ha parecido muy interesante , lo que me ha atrajo a leer este cuento es la enemistad de las dos familias, los Berlitfitzing y los Metzengerstein ,ambas familias estaban enemistadas por una profecía.
La descripción del tapiz que observaba el conde Metzengerstein , sobre el caballo de un color que no era natural,que era admirado por el conde.Atrajo también la coincidencia de que el palacio de Berlitfitzing se incendio, aparecía de manera inoportuna , capturado por 3 escuderos de el conde Metzengerstein el mismo caballo que el conde admiraba y que después se enterara no solo de la muerte de conde de Berlitfitzing, sino también de que un pedazo de tapicería , de uno de los aposentos del palacio había desaparecido.
Al final la profecía de la familia llega a cumplirse: "Un augusto nombre sufrirá una terrible caída cuando, como el jinete en su caballo, la mortalidad de Metzengerstein triunfe sobre la inmortalidad de Berlifitzing."Y lo dicho fue hecho , el jinete cayo de su caballo.

Karen Montana , 5to año , Santa Clara de Asís

Anónimo dijo...

Es un cuento que atrae a leerlo, ya que se trata de dos falimias enemigas desde un principio, algo así como el relato de romeo y julieta.
Cuenta como el unico heredero de unade las familias tiene una adiccion por un caballo indomable que al subirse lo hace sentirse viejo, este caballo era de la familia contraria, pero al suceder un incendio el caballo escapa.
El joven lo toma y lo tiene como suyo pero desde que el animal esta el cambia, como si el alma del otro hombre estaria en su cuerpo.
Como todo en la vida vuelve, esta familia sufre un incendio y el caballo guia al chico al fuego haciendo que hirva en llamas y que todo el sufrimiento que pasaron los otros los pasen ellos.
En esta historia se puede ver el "karma" ya que lo que muestra es que todo vuelve sea bueno o mala, tambien hay que tener en cuenta que este es el primer relato de poe.
Violeta tamier, 5to, santa clara de asis

Anónimo dijo...

Es un cuento muy interezante y muy bien narrado (ya que fue el primer libro de Poe)
Me llama la atencion como se cumple la profecia, ya que ambas familias no se llevaban bien. En mi opinion yo interpreto que el caballo tiene como una venganza hacia la familia de federick por que al incendiarce el catillo de los metzengerstein el caballo lleva a federick hacia las llamas produciendole la muerte y haci cuasa dolor en su familia.
Agustina Lopardo, 5to año, Santa Clara de Asis

Los mejore de tercero dijo...

El cuento estuvo bueno e interesante, lo que me llamo la atención fue la rivalidad de la familia Metzengerstein con la familia Berlifitzing que estaban enemistadas desde muchos siglos. Que me hizo recordar las familias también enemistadas como los montescos y Capuletos.
Frederick barón Metzengerstein, había heredado muchas cosas de su padre, cuando sucedió el incendio en las caballerizas del castillo de Berlifitzing los Metzengerstein habían sido duramente acusados. Frederick había encontrado un caballo el cual se había obsesionado mucho y que nunca se apartaría de el , al final el propio Frederick había cambiado sufriendo el miedo y el terror. La profecía de la familia Berlifitzing se había cumplido, el jinete Frederick caería de su propio caballo.

Ricardo Cabral ,5to Año Santa Clara de Asís

Lula Albolian dijo...

La historia se centra en el joven Frederick, el último descendiente de la familia Metzengerstein, que carga con una prolongada rivalidad con la familia Berlifitzing. Sospechoso de haber causado un incendio que mató al patriarca de los Berlifitzing, Frederick se obsesiona con un caballo salvaje que no había notado anteriormente. Metzengerstein es castigado por su crueldad cuando su propio hogar se incendia y el caballo lo lleva hasta las llamas. Este cuento de Edgar Allan Poe me ha parecido muy interesante, una de las partes que me atrajo fue la rivalidad de la familia Metzengerstein con la familia Berlifitzing, hay algunas partes que me parecen raras pero que están interesantes.

LUDMILA ALBOLIAN, 5TO, SANTA CLARA

Anónimo dijo...

En esta historia ocurre un odio muy grande entre dos familias: los Metzengerstein y los Berlifitzing. Esta enemistad se debe a una antigua profecía, la cual me produjo una gran curiosidad.
Luego es impactante cuando ocurre el incendio en las caballerizas del Castillo de la familia Berlifitzing, es tan grande ese odio hacia la otra familia que los culpan de haber cometido esa desgracia. Muy interesante esta narración de Por
Julián Santoro, 5to Santa Clara de Asís

Anónimo dijo...

Este relato me pareció horriblemente aburrido e incomprencible. Aunque el estilo y la presentación del relato son muy buenos, el argumento deja mucho que desear, ya que no existe explicación de nada, nisiquiera en el final.
Lo vas leyendo, parece entretenido y de repente, inesperadamente termina. No lo entendi

Anónimo dijo...

Este relato me pareció horriblemente aburrido e incomprencible. Aunque el estilo y la presentación del relato son muy buenos, el argumento deja mucho que desear, ya que no existe explicación de nada, nisiquiera en el final.
Lo vas leyendo, parece entretenido y de repente, inesperadamente termina. No lo entendi.

Me olvide de poner el nombre en el comentario anterior.
Molina Yanina 5to Santa clara

Anónimo dijo...

No me gusto mucho, pero este cuento se basa en la enemistad de dos familias de gran poder, estas son Metzengerstein y Berlifitzing, la causa era una profecía:"UN AUGUSTO NOMBRE SUFRIRÁ UNA TERRIBLE CAÍDA CUANDO, COMO EL JINETE EN SU CABALLO, LA MORTALIDAD DE METZENGERSTEIN TRIUNFE SOBRE LA INMORTALIDAD DE BERLIFITZING".Los últimos días, él se obsesiona con este y decide salir a cabalgar con el todo los días, hasta que un incendió en el palacio, Finalmente Frederick monta al caballo para conducirlo hacia la llamas él deja caer a su jinete, esto hace que él fallezca.La profecía de la familia Berlifitzing se había cumplido, el jinete Frederick caería de su propio caballo.
Gonzalo Aranda, 5to año Santa Clara de Asis

Anónimo dijo...

No me convence mucho esta historia, cuenta el odio entre las familia Metzengerstein con la familia Berlifitzing. Sospechoso de haber causado un incendio que mató al patriarca de los Berlifitzing, Frederick se obsesiona con un caballo salvaje que no había notado. Metzengerstein es castigado cuando su propia casa se incendia y el caballo lo lleva hasta las llamas.El deseo de la familia Berlifitzing se cumplio.
Micaela Medina, 5to año, Santa clara de asis.

SecretLight dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
SecretLight dijo...

fue el primer relato corto del escritor(Se escribio mal)

Anónimo dijo...

Este cuento habla sobre la enemistad que tenían las familias Metzengerstein y Berlifitzing. Personalmente no me llama mucho la atención, no me atrapó como otros cuentos lo hicieron y no sé cómo expresarme porque no tengo mucho más para decir. La narración es interesante pero no logro entenderlo.

Carolina Sainz, 5to año. Santa Clara de Asís, 2017.

Chiara Petrone 5to año dijo...

Este cuento trata sobre la profecía de dos familias enemigas, los Berlitfitzing y los Metzengerstein.
Se enfoca más que nada en el último descendiente de la familia Metzengerstein, Frederick, el cual era sospechoso por haber causado un incendio que mató el patriarca de los Berlitfitzing, este se obsesiona con un caballo salvaje que no había notado antes. Metzengerstein es castigado por su crueldad cuando su propio hogar se incendia y el caballo lo lleva hasta las llamas.
Sinceramente no me llamó mucho la atención la historia y me costó entenderlo.
Chiara Petrone, 5to año. Santa Clara de Asís.

Chiara Petrone 5to año dijo...

Este cuento trata sobre la profecía de dos familias enemigas, los Berlitfitzing y los Metzengerstein.
Se enfoca más que nada en el último descendiente de la familia Metzengerstein, Frederick, el cual era sospechoso por haber causado un incendio que mató el patriarca de los Berlitfitzing, a este le llama la atención un caballo que no habia visto nunca.
Como castigo por haber sido tan malvado, cuando su casa se incendia el caballo lo lleva a las llamas también.
Sinceramente no me llamó mucho la atención la historia y me costó entenderlo.
Chiara Petrone, 5to año. Santa Clara de Asís.

Anónimo dijo...

En este cuento se destaca lo gótico.
Se basa en el odio entre dos familias los Berlitfitzing y los Metzengerstein especialmente por el joven Frederick, descendiente de la familia Metzengerstein, ya que es el principal sospechoso de haber causado un incendio que mató al patriarca de los Berlifitzing. Honestamente este cuento no me llamo la atención y se me hizo muy pesado , esto debe ser por que es uno de los primeros cuentos de Edgar Allan Poe
Lourdes legay 5to año SANTA CLARA DE ASIS.

Anónimo dijo...

Este relato me intereso mucho, por que fue el primer relato corto del autor Edgar allan poe, la historia se centra en el joven Frederick,el ultimo descendiente de la familia Metzengerstein, que carga con una prolongada rivalidad con la familia Berlifizing,sospechoso de haber causado un incendio a los Berlifizing, he Tzengerstein es castigado por su crueldad cuando su propio hogar se incendia y el caballo lo lleva hacia las ramas y lo deja caer, eso hizo que fallezca.´
Luz Tortorelli 5 año

Metzengerstein Edgar Allan Poe